Cuando el espacio se vuelve movimiento
La construcción de la pista de skate fue solo el comienzo. Lo que vino después fue la apropiación real del espacio y la energía de una juventud que empezó a hacerlo suyo.

La idea de realizar los campeonatos de skate nació desde la misma comunidad. Skaters como Camilo, Ari entre otros decidieron llevar el deporte al siguiente nivel y organizar competencias en el la pista de skate que habíamos creado colectivamente.

No se trataba solo de competir, sino de darle continuidad a un proyecto mayor que involucra a niñas, niños, jóvenes y adultos.

Se organizaron campeonatos con varias categorías, lo que permitió que todos pudieran participar y sentirse parte. La acogida fue muy buena. Muchos chicos comenzaron a ver el skate no solo como un juego, sino como una nueva pasión, un espacio donde aprender, superarse y compartir.
Los campeonatos fueron gestionados por el colectivo, con el apoyo de algunas marcas de skate que auspiciaron el evento. Gracias a ese respaldo, en el segundo campeonato se entregaron patinetas como premios a los ganadores y también se regalaron patinetas entre los participantes, fortaleciendo aún más el entusiasmo y la motivación.

Más allá de la competencia, lo que se vivió fueron experiencias, aprendizajes y recuerdos compartidos. El parque se llenó de movimiento, de risas, de caídas y de intentos. Se convirtió en un punto de encuentro sano, donde la juventud puede canalizar su energía lejos de los vicios y cerca del deporte, la disciplina y la comunidad.

Estos campeonatos reafirmaron algo importante: cuando la comunidad participa y se involucra, el espacio público deja de ser solo un lugar y se transforma en un territorio vivido, cuidado y defendido por quienes lo usan.
Así, el skatepark siguió cumpliendo su propósito: ser un espacio de encuentro, de crecimiento y de futuro para Las Tunas.
